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Ardite

Cerro Ardite, cuna de los orígenes de la historia de la cuenca de Río Grande, es sin duda el lugar de mayor importancia arqueológica de toda la comarca de la Sierra de las Nieves, teniendo además una gran singularidad desde el punto de vista ecológico y paisajístico. Contiene vestigios de todas las épocas, desde la Prehistoria hasta nuestros días, en una sucesión de ocupaciones: pueblos prehistóricos, íberos, fenicios, romanos, árabes y castellanos.

De la Prehistoria se han documentado:

  • Un taller lítico en El Garrotal, localizado en el Cortijo de los Frailes y utilizado en diferentes etapas de la Prehistoria, desde el Paleolítico a la Edad del Bronce.
  • Un asentamiento Neolítico en El Charcón con una antigüedad aproximada de 6000 años.
  • Dos dólmenes o sepulcros megalíticos de especial relevancia; el de la Cuesta de los Almendrillos, que proporcionó una gran cantidad de materiales durante su excavación y con una cronología relativa de 5000 años a. P.; y el del Tesorillo de la Llaná, de estructura muy significativa, formado por un corredor de acceso, una antecámara oval y una cámara circular. Su fecha de construcción coincide con la de la Cuesta de los Almendrillos pero fue reutilizado posteriormente como enterramiento secundario durante la Edad del Bronce.

Faltan estudios exhaustivos de otras épocas. Se ha constatado que tanto fenicios como griegos comerciaron con los íberos, los cuales se establecían en cerros de cierta entidad orográfica para ejercer un control del territorio. De la época romana destacan las numerosas villas, viviendas rurales que se esparcían por las fértiles tierras de Ardite. La dominación árabe nos ha legado una torre vigía o tal vez un pequeño Hins, cuya importancia radica en que este enclave resulta estratégico para la comunicación entre las antiguas fortalezas medievales que la rodean.

Paisajísticamente, el Cerro Ardite destaca por su dominio sobre la Cuenca del Río Grande y por una geomorfología, en la que se combinan una serie de estratos calizos que emergen desnudos sobre los depósitos arcillosos. Allí donde actualmente no llegan los cultivos, existe una notable presencia de vegetación termomediterránea, que es la que se da hasta los 400 metros de altitud en zonas de clima mediterráneo. Dominan especies arbóreas y arbustivas como las encinas, algarrobos, acebuches, lentiscos, palmitos, jaras y retamas. Si unimos todas esas características: ubicación estratégica, cauce de agua permanente, vegetación productora de frutos y animales, y suelos idóneos para la agricultura, encontramos la razón fundamental de la presencia de asentamientos humanos desde la Prehistoria.

Por todo ello, Ardite es un paraje que ha ser conservado para un mejor conocimiento de nuestra historia, así como para el disfrute de su riqueza ecológica y paisajística.


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